El lado oscuro del internet en México

Chumel Torres es ingeniero y fanático de los comics. Recientemente se volvió comediante y uno de los personajes más confiados de los medios de información, al menos en ojos de la juventud mexicana. Su noticiero El Pulso de la República, parodia que recientemente alcanzó un millón de subscriptores en su canal de YouTube, sigue en los pasos de personajes como Jon Stewart y Stephen Colbert. El Pulso ya está dejando huella en el mundo de los noticieros ‘de verdad’. Últimamente, una variedad de noticieros han citado a Torres como analista confiable y fidedigno. La cultura del digital en México está tomando vuelo. En muchos respectos se parece a sus equivalentes estadounidenses o europeos. Los hipsters se toman fotos con filtros artísticos en Instagram. Los políticos parecen pasar más tiempo en Twitter que en el mundo real.

Pero el internet en México tiene una cara más oscura. La mitad de la población cuenta con acceso a la web, conexión por la cual les cobra caro la empresa Telmex, propiedad del segundo hombre más rico del mundo. Aun con algunas mejoras desde 2013, el internet mexicano sigue siendo de los más caros y lentos de la OECD. Aun así, gran cantidad de internautas mexicanos se ha vuelto influyentes personalidades de la red gracias al otro monopolio nacional de telecomunicaciones; la televisión (técnicamente un duopolio, aun cuando las empresas Televisa y TV Azteca fungen como un cartel televisivo). La homogeneidad de la televisión pública, de mala calidad y carente de pluralidad ideológica, ha creado en el internet una fuerte oposición. El mismo Torres vio la falta de libertad editorial que hubiese tenido cuando le fue ofrecido su propio programa. Junto con El Pulso han surgido organizaciones noticiosas con gran número de seguidores, entre las que destaca Aristegui Noticas.

La diversidad en línea ha convertido al internet mexicano en un campo de batalla político. Parecería que no pasa un día sin que algún funcionario público les brinde a sus conciudadanos digitales metedura tras metedura de pata. Los ejemplos son innumerables (y virales); la reciente bofetada que le propinó un gobernador estatal a un miembro de su equipo, o cuando el mismo Presidente de la República lo agarró por sorpresa el hecho de que nadie le aplaudiera al terminar un discurso. Los partidos políticos responden con bots y trolls que inundan la red con expresiones de apoyo y, más siniestramente, derribando trending topics para prevenir la coordinación masiva de opositores. Aun en el 2012 se estima que el 50% de los tweets en México eran creados por apenas 3% de los usuarios del país.

Más allá de la alta política, el internet en México le ha estado dando vuelta a las jerarquías establecidas. Videos de policías corruptos o de la élite mexicana presumiendo sus influencias para salir de algún aprieto legal o simplemente físicamente agrediendo a empleados, ahora se ven enfrentados con la ira y el desprecio de la ciudadanía digital. Un caso escaló hasta los niveles más altos del gobierno resultando en la despedida de un funcionario después de amenazas de clausura que hizo su hija a un restaurant de la Ciudad de México. Muchos de la turba digital sienten una satisfacción visceral al ver caer a gente tan acostumbrada a la impunidad. La corrupción y el abuso de autoridad no son nuevos en México, pero el internet y la preponderancia de las cámaras de video están alterando sus dinámicas a lo largo y ancho de la sociedad.

La gran excepción a este fenómeno son los cárteles del narcotráfico. Desde twiteros independientes a la mente colectiva de Anonymous, el crimen organizado ha ejercido su fuerza en línea. Ya sea por amenazas, como las que se hicieron contra #OpCartel al querer Anonymous desenmascarar a miembros del Cartel de los Zetas. O por otros medios, como en el caso de Felina, una activista que tuiteaba información sobre los carteles en el censurado estado de Tamaulipas que un día posteo hoy… mi vida hay llegado a su fin”. Imágenes de su cuerpo ensangrentado comprobaban que en el vacío creado por la falta de un estado de derecho, la anonimidad no brinda seguridad.

La narrativa del documental CitizenFour fue vindicada el mes pasado al presentarnos el peligro de un estado omnipresente. Sin embargo, el internet de México nos muestra lo contrario. La ausencia o corrupción del gobierno engendra un espacio en el que se proyecta el poder del más fuerte, ya sea un cartel de la droga o de las telecomunicaciones o la turba digital. Al final de cuentas, la ecología política del internet mexicano revela la honda desconfianza hacia la autoridad. Es un mundo en el que personajes como Chumel Torres pueden tener mejores ratings que muchos noticieros de la televisión. Todo sin tener más recursos que una webcam y acceso al internet.



Alejandro Ormerod, Mexico

About

Alex is currently reading Latin American Studies at Oxford University. Previously, he worked as a Community Organiser with Citizens UK, while researching at Queen Mary, University of London, and cheese-making and mongering in Greenwich. Alex is also currently supporting 'Mexico-UK Dual Year' in conjunction with the Mexican Embassy through a series of conferences, seminars, and concerts at the British Library, as well as writing a chapter for a forthcoming book on Octavio Paz and his relationship with Britain. He is half-Mexican, half-British, and a chilango (someone from Mexico City) at heart.


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